lunes, 29 de marzo de 2010
Calma
2. Calma: ¿Pero yo no había salido anteriormente?
Jose: Shhh, tú calla y sígueme la corriente. Que nadie se va a enterar de qué va esto.
Calma: Vale, vale.
Calma: ¡Qué tranquilidad!
Estruendo: Se acabó.
Calma: ¿Cómo?
Estruendo: A trabajar, que esto está muy parado.
Calma: Pero si las cosas van bien, va todo como la seda.
Estruendo: ¿Será posible?
Calma: Es cierto, hay ideas, está escribiendo medio decentemente. No podemos quejarnos.
Estruendo: Esto es el colmo.
Calma: No entiendo nada.
Estruendo: Pues está clarísimo, esto es el fin. Ya hasta sale en sus propios diálogos, está tocando fondo.
Calma: Pues es verdad, ni me había dado cuenta.
Estruendo: ¡Qué poquísima vergüenza!
Tercera Opinión: Iros a tomar por culo.
Estruendo: Me extrañaba que la tercera opinión fuera tan imparcial. Maldito seas.
3. Este mundo es todo menos calma. El tiempo nos mete prisa para llegar al final. La sociedad está sumida en la desesperación por la necesidad de vivir. Necesitamos actividad para sentirnos vivos, para que esto tenga un sentido. Nos damos cabezazos para encontrar un camino que seguir. El estrés es nuestro compañero de viaje y el cansancio espera por nosotros al doblar la esquina. El agotamiento es el preludio del final y lo buscamos incesantemente para poder continuar. Sin pararnos a reflexionar en los problemas que esto no acarrea. Seguir este frenético ritmo acabará por destruirnos en el sinsentido de la oscuridad eterna. Párate y piensa. Piensa si lo que será es justamente lo quieres que sea.
PD: Siento la inactividad, pero vuelvo con esta entrada. La primera para confundir la calma, la segunda para reírme de mí mismo y una tercera para calmar al personal. Tranquilos que ya estoy aquí de nuevo, jajaja.
jueves, 18 de marzo de 2010
Sexo
Hasta tal punto que ya no puedas más, tanto que anheles abalanzarte sobre mí.
Así podré sentir el calor de tu cuerpo,que como una llamarada invadirá el mío
Y te volveré a besar lentamente una y otra vez.
Volverá a recorrerme ese ligero escalofrío que precede a tus caricias,
y al tiempo invadiré tu espalda con mis arañazos.
Me encanta no ser consciente de nada más,
vivir en este mundo de sensaciones, impulsos y deseos.
Quiero volver a sentir tu mirada recorriéndome,
tus manos explorándome, tu boca conquistándome.
Quiero mimar cada centímetro de tu piel, erizarte cada vello,
y despertarte uno a uno cada sentido.
Sentirte parte de mí, y seguir el ritmo de tu respiración hasta sus últimas consecuencias.
Entonces me acurrucaré a tu lado, y clavando mis uñas en tu costado,
con una sonrisa picara, te susurraré al oído:
"Mañana más y mejor".
PD: Siento no poder escribir algo mejor, últimamente la facultad no me deja apenas tiempo para vivir. Un saludo
viernes, 12 de marzo de 2010
jueves, 4 de marzo de 2010
Casualidad
"Buenos días", "¡Hola!", ¿A qué piso va?", "Pues al quinto", "¡Qué casualidad!". Y qué ingenua.
2. Ver todo como agua pasada
es aliviarse una tormenta
con un triste paraguas.
Pretender olvidarlo todo
es hacer castillos de arena
para parar un maremoto.
Apartar la vista, hacerse el loco
es como subir a una escalera
para huir del terremoto.
No todo es como en la teórica,
pues la tormenta me pilló
cambiando la antena parabólica.
Depende de cada momento,
me sorprendió el maremoto
en una fábrica de cementos.
No siempre es como en la teoría,
el terremoto me cogió
dentro de una cristalería.
3. Oiga, su velocidad de avance, su trayectoria y su estatura han sido las idóneas. Al tropezar con esa piedra precisamente, he trastabillado, huyendo del apoyo con mi pierna derecha, la que me lesioné hace años jugando al baloncesto. El suelo, que es de granito, tiene un coeficiente de fricción suficientemente bajo como para que mi otro pie haya patinado, por eso braceaba. Por eso y porque desde que me caí del columpio con 6 años siempre fui muy asustadizo. Así que si no sonríe de inmediato y con un gesto de reprobación me da a entender que mis manos no son bienvenidas en sus pechos, me veré obligado a pedirle disculpas y a zanjar el tema como lo que es: una desafortunada casualidad.
4. Y las bombas cayeron sobre la casa de una familia de aquel país que, casualmente, tenía tanto petróleo.
5. Y digo yo que hasta perder el autobús un día cualquiera del mes pasado afectará en mayor o menor medida a tu forma de besar. Y si hace cuatro años no recogiste las migas de pan de la mesa, seguramente podamos culparte de la crisis. ¿O acaso pensabas que no había relación entre el color de tus ojos y el bajón de Henry?
Cada efecto viene precedido por una cantidad de causas totalmente incontables hasta el punto de que cualquier suceso en los confines del Universo está alterando al resto. Y no podemos medir ese grado de relación porque no tenemos un instrumento de medida con suficientes cifras de apreciación detrás de la coma, pero existe. Cada hoja que se mueve, cada gota que cae. Y sí, cada pensamiento. En la práctica gozamos de un libre albedrío que no es más que una careta de la realidad. Cada reacción en nuestro cerebro está condicionada por la acción anterior, por unos impulsos condicionados, por un entorno que determina lo que sucede a niveles atómicos. Lo que sucede, sucede porque solamente podía suceder así. Una pelota que rebota en un escalón es tan impredecible como cualquiera de nuestras mentes y, sin embargo no nos cuesta asimilar que la pelota rebotará a un lado o a otro dependiendo de su propia superficie, del escalón, del viento, de la altura, etc.
Cada efecto es causa de incontables sucesos, cada causa lo es de incontables efectos. Somos una consecuencia directa e inexorable, no una casualidad.
P.D: ¿Qué pasa, Juan?, ¡qué bien te veo, Juan!, ¡adiós, Juan!... ¡¡TESKIARCARAJO, JUAN!!
P.D.2: Vuelvo, y eso :P.
lunes, 22 de febrero de 2010
NOCHE
en callejones y en las esquinas,
luces naranjas sobre paredes blancas
y los adoquines de Andalucía.
El viejo que por vez primera
visita el retrete y mea.
Lo profundo de tus ojos,
el techo del mendigo,
el Edén de los amantes
y el sueño del bendito.
Azahar desvergonzado,
la sonata de un borracho.
Y de nuevo, no puede evitarlo,
el viejo se levanta y mea.
Pájaros que no cantan,
mástiles sin banderas.
Un eclipse a medio día,
un Sol que no gobierna.
A oscuras y de memoria,
otra vez, el viejo mea.
Pero hija mía, a ver si te depilas,
porque noche oscura es lo que asoma
cuando muestras la entrepierna.
sábado, 20 de febrero de 2010
Bicicleta (1)
-Bueno, yo lo hago cada día, y no te pierdes mucho, la verdad.
-Eso lo dices porque montas todos los días. Si fueras a diario en el metro como yo, lo odiarías, pero como no has ido nunca, pues te emociona.
-Sabes que eso que dices no tiene ningún sentido. Hay cosas que haces cada día que te encantan. Por ejemplo, siempre estás oyendo música, y leyendo y escribiendo. No hay día que no te vea con esos cascos enormes y un libro en el bolsillo.
-¡Venga ya, Tam! No puedes comparar la música con la bici. Una es necesaria para vivir, y lo otro un puro entretenimiento.
-Son igual de comparables como la bici con el metro.
-Touché.
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Intento de relato que se quedó por el camino, pero aún así me apetecía compartirlo. Aloha.
viernes, 19 de febrero de 2010
Casualidad
______________Abraham J. Simpson
2. Causalidad: Hola, ¡qué de tiempo!, ¿no?
Casualidad: ¡Qué coincidencia! Yo tampoco te he visto recientemente.
Causalidad: Claro, es lógico.
Casualidad: ¡Qué coincidencia! Yo también pienso que es lógico.
Causalidad: Bueno, ¿sabes con quién me acabo de encontrar?
Casualidad: ¿Con Paco, que acaba de tocarle la lotería y se va a pagar la operación de cambio de sexo y finalmente irá al registro a cambiarse el nombre por el de Penélope, para cumplir con la apuesta?
Causalidad: Pues sí, la verdad es que lo has dicho todo.
Casualidad: ¡Qué coincidencia!
Causalidad: ¿Lo de que le tocase la lotería?
Casualidad: No, que Paco me dijo nada más verme que ya lo había dicho todo y no necesitaba oírme decir ni una palabra. Pero lo que tú dices también ha sido coincidencia.
Causalidad: Vaya, ¿sabes que tengo hoy para almorzar?
Casualidad: Ni idea, pero yo tengo lasaña, que es mi plato favorito.
Causalidad: Joder, igual que yo.
Casualidad: ¡Qué coincidencia!
Causalidad: Esto me empieza a tocar las narices.
Casualidad: ¡Qué coincidencia!
Causalidad: Oye, mira una cosita.
Casualidad: Dime.
Causalidad: ¿Sabes que tuve una erección nada más verte al principio del diálogo?
Casualidad: Mm, pues la verdad es que no lo sabía. Creo que me llaman por ahí.
Causalidad: ¡Qué coincidencia!
3. Se siguen muriendo de sed y hambre muchas personas, no sólo en el Tercer Mundo. Se siguen matando otras tantas por cuestiones económicas, étnicas o religiosas y se siguen lucrando las grandes multinacionales de estas desgracias. Se siguen riendo de nosotros, el pueblo, porque nos tienen en sus manos, desorientados y manipulados. Seguimos desunidos, mirando cada uno su propio ombligo, a la espera de que algún día podamos fraguar metales preciosos de él. Seguimos con las manos metidas en los bolsillos, para no ofrecérsela al prójimo o para salvaguardar lo poco que podamos tener encima. Seguimos sin respetar las palabras del otro, porque nos creemos en posesión de la verdad absoluta. ¿Será casualidad que todo vaya tan mal?
PD: El primero está basado en hechos reales. Odio a los dos tipos del diálogo. Y para acabar dejo nuestra "casualidad de realidad".
Espero que os guste, yo estoy satisfecho.
martes, 9 de febrero de 2010
Nueva palabra a definir...
casualidad.
(De casual).
1. f. Combinación de circunstancias que no se pueden prever ni evitar.
lunes, 8 de febrero de 2010
Sexo
(click en el título para reproducir)
Su mente voló
Allá se encontró a la musa que esperaba
Cantando en su honor
Sirena del cielo que en la tierra
Nunca halló un hogar
Las notas sintió
Besando su faz, en sus sueños anidaron
Latiendo al compás
Su corazón no supo encontrar
Otra manera de amar
Sus cabellos rozó
Se aferran a él sus dedos y caricias
En su espalda escribió
La clave de sol era obertura
De una nueva canción
Ella no calló
Melodía en su voz, en su piel, entre sus sueños
Se aferra a su amor
Ahora es eterna pues su bohemio
La escribió en un compás...
Tú eres la más bella canción
Preludio de mis sueños nocturnos
El beso que nadie dio
Los ojos grises del amor...
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De nuevo, os dejo con una nueva definición en nombre de Fer. Espero que os guste.
domingo, 7 de febrero de 2010
Sueño
Esta noche he cerrado los ojos y los he visto allí a mi lado.
Poco a poco, algunos de sus rasgos se fueron emborronando en mi memoria, pero hoy aparecen ante mí más nítidos que nunca. El timbre de sus voces resuena en mis oídos con la misma naturalidad con que lo hiciera durante tantos años. Aparecen en las habitaciones de la casa y en las escenas cotidianas que compartíamos.
Entonces oigo un “nena, ven que te saludemos”, y ahí están.
Cada uno en su sillón de siempre, sonriéndome como si nada hubiera pasado.
Me acerco lentamente, sin terminar de comprender, y puedo percibir el envolvente aroma del perfume de rosas que tanto le gustaba a mi abuela. Sus ojos inocentes y la delicada tersura de su piel reflejan toda la dulzura y jovialidad de antaño. Siento la suavidad del tacto de su vestido gris de botones negros y dorados, y como una lágrima resbala por su mejilla mientras me abraza.
Al lado veo a mi abuelo, se ha levantado y se acerca hacia mí. Su erguida figura conserva aún toda su dignidad. Del bolsillo de su bata asoman las gafas y el bolígrafo. Ha dejado el diario a un lado. Siento el roce de su leve barba contra mi cara y como con un beso en la frente me da su aprobación. Me sonríe y se emociona, tal como hiciera aquellos días en que yo, con mis dos coletas y la mochila arrastrando, iba contenta a enseñarle las notas.
Entonces abro los ojos y estoy tranquila, porque los veo bien. Porque siempre habrá un día en el que pueda volver a contemplar aquella sonrisa que tanto añoro, en el que pueda volver a oír aquella voz que me reconfortaba, o pueda volver a apretar fuerte esa mano que ahora en vez de al colegio me acompaña a la facultad.
Y sentir que siempre estoy protegida.
Saber que, en cada anécdota diaria, aunque yo ya no se la pueda contar, una sonrisa permanecerá cómplice esperando más detalles.
Y sentirme acompañada.
Menos mal que, a veces, lo que nos es quitado en vida, se nos recompensa en sueños.
viernes, 5 de febrero de 2010
ÁRBOL:
Y María sonreía, terminaba lo que estaba haciendo, y si el día estaba bueno lo agarraba del bracito y salían a la calle mientras él iba dando golpecitos en el suelo con su bastón. Cuando llegaban lo dejaba solo en su sitio favorito y ella se iba a dar un paseo, a comprar algo, o quizá a sentarse en un banco al sol con sus amigas a charlar un rato. Allí el aire era más fresco que en cualquier otro sitio y el sol pegaba con menos fuerza. Siempre procuraba quedarse en el mismo lugar, a no ser que estuviera ocupado, claro. Le gustaba recostarse en el suelo, o contra el tronco, y dejarse llevar por el sonido del mar y las olas que rompían encima de él. A veces María lo miraba desde lejos y lo veía mover suavemente la cabeza al ritmo del viento, al compás del follaje. Allí le gustaba pensar, pero en nada en concreto. Simplemente se tumbaba y disfrutaba del momento, y en ocasiones se le ocurrían hasta algunas poesías que le parecían bellísimas y que le gustaría escribir si tuviese un poco de vista. Cuando una le gustaba especialmente, pensaba “Después se la dictaré a María para que la copie”, pero al final siempre le entraba vergüenza y no lo hacía, y simplemente trataba de retenerla en la memoria y trataba de acordarse la siguiente vez que iba allí. De vez en cuando se llevaba uno de sus libros en braille y se ponía a leer un ratito, o canturreaba bajito. O no hacía nada. Y eso era lo más común en realidad, sólo se tumbaba y gozaba de su momento favorito.
De cuando en cuando, una de esas olas que se batían sobre su cabeza se rompía golpeada por el viento, y algunas de sus gotitas caían al suelo e iban a posarse sobre él. Cuando las notaba, las dejaba ahí el resto del tiempo, y antes de irse las recogía y se las guardaba en el bolsillo para llevarlas a casa y meterlas en una cajita donde las guardaba. María a veces protestaba y decía que ya era mayorcito para llenarle la casa de hojas, pero en realidad nunca se las tiraba. Y cuando volvían del parque y se encontraba una por el suelo en buen estado, se la metía en la cajita sin decirle nada, porque sabía que a él le gustaba sacarla los días de lluvia y oler sus gotitas verdes.
Así cuando ya llevaban un rato, ella iba a recogerle y le decía “Bueno muchachote, ya es hora de irse a casa, ¿no?”, lo ayudaba a incorporarse y se marchaban. A veces de vuelta pasaban por el banco a ver si habían ingresado ya la pensión, que solía ser que no, compraban el pan y se recogían. Luego María hacía la comida, almorzaban juntos, le dejaba listo algo para la cena y se marchaba. Entonces él se quedaba sólo en casa, sonriendo, esperando que pasara rápido la tarde. Así llegaba pronto el día siguiente, y a media mañana decía:
- María, llévame al mar, anda…
Y María sonreía, terminaba lo que estaba haciendo, y si el día estaba bueno lo agarraba del bracito y salían a la calle camino de su mar, mientras el daba golpecitos en el suelo con su bastón.
PD: Pido perdón a los poetas que ya conocen este texto, pero es que realmente no sé decir si nació como definición y se me hizo relato, o escribí un relato que acabó definición. Sea como fuere, esta es mi definición de "Árbol". Lo juro.
domingo, 31 de enero de 2010
Sexo
“No era amor, lo único que quería era sexo.”
2. Abrió la puerta de su dormitorio y encontró a su mujer acostada con otro hombre. El tiempo se paró varios minutos en los que las miradas hieráticas de éstos, junto al silencio que se produjo, hacía que la tensión de aquel instante acrecentara por momentos. De repente, el marido empezó a reír a carcajadas, los amantes se miraron con incredulidad y al rato acompañaron a la atronadora risa del hombre. Pacientemente, el hombre, mientras seguía riendo, cerró la puerta del dormitorio y cogió su rifle que escondido tras ésta, estaba apoyado en la esquina del dormitorio. Apuntó al amante con firmeza entre risas, la de nuestro protagonista se volvió histérica, mientras que la del desnudo compañero de su mujer era una risa llena de pavor. Raudo como el viento se destapó de las sábanas que lo cubrían y corriendo endiabladamente se tiró en plancha por la ventana. El marido volteó el rifle, presionando el cañón contra su mentón. Riendo, apretó el gatillo. La mujer maldijo su suerte por aquel estropicio que le iba a tocar limpiar.
3. Un orgasmo, vocálico y consonántico. Una mezcla de palabras entrecruzadas que exhalan el último aliento de placer. Se va consolidando la relación párrafo tras párrafo, todos lo saben, pero sigue siendo un secreto a voces. Todo es dulzura y delicadeza en el tacto de sus frases acompasadas. Se va tejiendo una maraña que al paso de demasiadas páginas se hace monótono y pesado. Y al final, como pasa con todo, termina por acabar.
PD: Un primero para la ilusión, el segundo para el desengaño y otro tercero para la traición. La piedra está en vuestro tejado, buena suerte.
TORMENTA
Para ello es indispensable tener pareja. Hablo de pareja estable, sentimientos y todo eso, no cualquier mindunguilla facilona que hayamos escogido para calentarnos la noche. A esa mujer, esa noche, es necesario hacerle el amor. Lenta y apasionadamente, el amor. Puede que las gotas hagan ruido al estamparse contra los cristales, marcando el ritmo, el viento aúlle en nuestras persianas, los redobles de truenos lejanos queden ahogados por nuestros suspiros y los relámpagos iluminen intermitentemente nuestro paraíso particular. Con luz blanca y aséptica, pero no indiferente ni muerta. Ese tipo de luz blanca, aséptica y cálida que sólo saben tener los rayos. Cuando hayamos terminado, desnudos y sudorosos, es necesario dejarse llevar aún unos minutos más. Tiene que llegar ese abrazo que más que un abrazo es un refugio. Y cuando llegue, y notemos como ese frágil navío al que amamos busque puerto y cobijo en nosotros, es necesario corresponderle, apretar aún más los brazos si cabe, estrecharla fuertemente contra nuestro pecho, y suspirar brevemente mientras le olemos el pelo.
Entonces, en ese preciso instante, susurraremos bajito, en voz muy queda: “Este es el tipo de noche que tanto me encantaba tener con mi exnovia”.
¡Et voilá!
PD: Perdón por la tardanza, os eché de menos.
viernes, 29 de enero de 2010
Árbol
Pero el frío no le es ajeno y se cercenaba su idealismo frustrado en la piedra que pisa, en la tierra que hace callos en los pies. Lógica formal, lenguajes abstractos y demás misteriosos lenguajes le dominan cuando intenta imaginar un día de rosa; no hablemos de la de bolitas amarillas que corrían a su alrededor si intentaba siquiera degustarse con el aroma del amor. Intentaba huir de aquello y flechas que le indican dónde va, de dónde viene y cómo tiene que ir le controlan a su paso. Derrotado, se ceñía en la cintura de su más amargo sueño, tal vez con la esperanza de que, al besarlo, pudiera ser de nuevo un cohete, un barco, una nube, un delfín... ¡o incluso un amor!
Y qué, si a cada segundo las manillas se torcían, las pantallas se licuaban para dar colores y sonrisas de payaso que, para su propia frustración, sólo le decían desde su propia enfermedad que su único intento de evadirse de la realidad más amarga y matemáticamente imperfecta era sumergirse en la peor de las pesadillas de colores, personas que no existen, de la amistad más convenida, de la función social más útil y concisa, sin más libertad que un DEL. Y mientras su cabeza se agigantaba y se llenaba de temores, dudas, irrealidades y la tristeza de una soledad concisa y real, se hundió de nuevo en ese mar que sólo provocaba odio, aversión y el germen de una soledad acompañada que sustituya a la vieja ansiedad.
Fue un iluso, creyó poder huir tras tanto cero y tanto uno. Y cuando mira y ve todo eso que le rodea desde delante de su mirada, piensa: “tal vez comí del árbol equivocado...”
PD: Una nueva entrada de nuestro compañero Fer. Que la disfruteis
