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domingo, 7 de febrero de 2010

Sueño

Esta noche he cerrado los ojos y los he visto allí a mi lado.

Poco a poco, algunos de sus rasgos se fueron emborronando en mi memoria, pero hoy aparecen ante mí más nítidos que nunca. El timbre de sus voces resuena en mis oídos con la misma naturalidad con que lo hiciera durante tantos años. Aparecen en las habitaciones de la casa y en las escenas cotidianas que compartíamos.

Entonces oigo un “nena, ven que te saludemos”, y ahí están.

Cada uno en su sillón de siempre, sonriéndome como si nada hubiera pasado.

Me acerco lentamente, sin terminar de comprender, y puedo percibir el envolvente aroma del perfume de rosas que tanto le gustaba a mi abuela. Sus ojos inocentes y la delicada tersura de su piel reflejan toda la dulzura y jovialidad de antaño. Siento la suavidad del tacto de su vestido gris de botones negros y dorados, y como una lágrima resbala por su mejilla mientras me abraza.

Al lado veo a mi abuelo, se ha levantado y se acerca hacia mí. Su erguida figura conserva aún toda su dignidad. Del bolsillo de su bata asoman las gafas y el bolígrafo. Ha dejado el diario a un lado. Siento el roce de su leve barba contra mi cara y como con un beso en la frente me da su aprobación. Me sonríe y se emociona, tal como hiciera aquellos días en que yo, con mis dos coletas y la mochila arrastrando, iba contenta a enseñarle las notas.

Entonces abro los ojos y estoy tranquila, porque los veo bien. Porque siempre habrá un día en el que pueda volver a contemplar aquella sonrisa que tanto añoro, en el que pueda volver a oír aquella voz que me reconfortaba, o pueda volver a apretar fuerte esa mano que ahora en vez de al colegio me acompaña a la facultad.

Y sentir que siempre estoy protegida.

Saber que, en cada anécdota diaria, aunque yo ya no se la pueda contar, una sonrisa permanecerá cómplice esperando más detalles.

Y sentirme acompañada.

Menos mal que, a veces, lo que nos es quitado en vida, se nos recompensa en sueños.

sábado, 15 de agosto de 2009

Sueño

1. Un destello blanco me ciega. De súpito viene a mi mente una imagen, un acantilado bastante accidentado y un valle desértico, en él una bonita casa blanca, bien iluminada y algo austera. Y en ella me encuentro, sentado en un banco de piedra a pocos metros de la casa contemplando el mar. De repente la veo, caminando hacia el acantilado. Soplaba una leve brisa, pero fue suficiente para que su pañuelo se desprendiera de su cuello y se alzara mecido por el viento rumbo al mar. Corrí como alma que lleva el diablo porque no podía dejar que se lo llevará. Era un símbolo y como decían en cierta película, los símbolos solo tienen la importancia que nosotros le damos. En este caso era tal la fuerza de ese símbolo que no podía dejar me lo arrebataran. El amor. Demasiado preciado como para perderlo y por eso salté del acantilado para recuperarlo. Una vez zambullido, divisé el pañuelo y lo cogí. Cuando me disponía a volver a la superficie vi cuan inútil era mi esfuerzo, ya que solo me hundía. Sentí miedo, pues sabía que era mi fin, pero tenía el pañuelo, era todo lo que quería. Miré hacia arriba y la vi a ella. Su expresión de tristeza me atravesó el corazón. Extendí el brazo alzando el pañuelo para que lo viera y esbocé una sonrisa para no parecer preocupado, y entonces ella también sonrió. En ese momento ya nada me importaba, deje de luchar contra mi verdugo y me acogí en su inmensidad. Podía descansar en paz.
(Nota del Autor: Es un texto que escribí hace un tiempo de un sueño que tuve, traumático (no se ahoga uno todos los días), por cierto.)

2. Hipnos: Bueno, ahí os lo dejo, os espero en el próximo.
Fantaso: ¿Qué hacemos? Porque “éste” aún no ha hecho acto de presencia.
Iquelo: Empecemos, al menos dejamos algo de trabajo hecho.
Fantaso: Pues empezaré con una cascada en medio de bosque con abundante vegetación.
Iquelo: Pondré algunos animalitos, a ver si lo entretenemos hasta que llegue.
Morfeo: Buenas, a ver como lo lleváis.
Iquelo: Le entreteníamos esperando que llegases, está bastante tranquilo.
Morfeo: Vamos a tener que darle algo de caña, cambiemos, ciudad de Nueva York, una persecución entre gánster y la policía.
Fantaso: Vale.
Morfeo: Tiros y más tiros.
Fantaso: De acuerdo.
Morfeo: Atropellos, un caos.
Iquelo: No es por molestar, pero te has dado cuenta de que es el sueño de un ateniense de media edad, filósofo en paro, de la Antigua Grecia.
Morfeo: Por Zeus, menuda cagada. En fin, vamos a tener que darle un billete rumbo al lago.
Fantaso: ¿Matarlo? Llevamos quince ya esta semana, no podemos seguir con esta dinámica.
Morfeo: La culpa es de Cronos que me tiene mareado. De todas maneras no hay otro remedio, a matarlo.
Tánatos: ¿Alguien me llamó?
Morfeo: Coño, que oportuno. Manda al Hades a éste, pero que parezca un accidente.
Tánatos: No será problema, pero deja de ver tantas películas.
Morfeo: Pues ya acabamos. Qué bien se siente uno cumpliendo con sus obligaciones.

3. No me gusta citar pero...

"¿Qué es la vida? Un frenesí.
¿Qué es la vida? Una ficción,
una sombra, una ilusión,
y el mayor bien es pequeño;
que toda la vida es sueño,
y los sueños, sueños son."
Pedro Calderón de la Barca. La vida es sueño.

... creo que esta vez es inevitable.

PD: Reconozco solemnemente que la producción ha sido muy floja.
Un día tuve un sueño...
... y creo que aún no me he despertado.

viernes, 3 de julio de 2009

Sueño

2. Había pasado tanto tiempo que ya no sabia lo que era dormir una noche plácidamente y sin despertarse cada poco, todos los días con ojeras y dolores abría la puerta para pasar otro dia mas de la rutina, pero esa noche fue distinto termino en el sofá del salón dormido cuando veía una película, su mente comenzó a delirar y acordarse de lo que siempre le recordaba día a día, hora a hora siempre estaba allí permanentemente, lo que le estaba torturando y consumiendo, la angustia que lo perseguía, el sueño pasaba a la pesadilla y le hizo dar un sobresalto, pero no se acabo la pesadilla, porque no había llegado a dormirse...

martes, 19 de mayo de 2009

Sueño

1. Su mente jugaba a que aquella procesión de líneas blancas lo acompañaban. Después su mente se apagó un instante para volver al juego de las líneas que ahora se sentaban en sus piernas y le contaban secretos pueriles. Tras otro apagón, por su cabeza pasaban fotogramas de las líneas blancas atravesándolo sin piedad, hincándose en su estómago con saña. Hubo un apagón más, precediendo una algarabía neuronal, un absoluto derroche de luces y lucidez, justo antes de que le pasara por la cabeza un quita-miedos.

2. Ajam, sí, claro, mmm, por supuesto, claro. Ajam, claro que sí. Lleva razón, mmmm, sí... su prepotencia, evidentemente. ¡Vaya calamidad!, no hay vergüenza. Ajam, ajam, mmmm, sí. ¡Cuánta razón tiene usted! Más que un santo... sí, claro.
Por supuesto, jefe, mañana mismo, a primera hora.

3. Aquella muchacha, su amiga, era una experta en espiar por detrás de las persianas. Siempre estaba preparada para ello.
Iban de la mano, charlando sobre esto y lo otro. Caminaban despacio, sin prisas, camino de su apartamento. Era una noche fría la de aquel 8 de diciembre.
Cuando las cuatro balas se acomodaron suavemente en su espalda le estaba comentando que "puedes decir que soy un soñador, pero no soy el único"...

4. Hacía ya tres años desde que puso aquella cruz en aquella casilla. Fue un error para todo el mundo que conocía, excepto para sus amigos, su novia y su familia. De hecho, solamente él lo consideraba un enormísimo error.
Al fin y al cabo no podía pedir más. Estaba preparándose para hartarse de ganar dinero y ser un adulto responsable y provechoso. Llevaría un bonito traje, unos caros zapatos y encerraría aquel lujoso coche en un amplio garaje. Su mujer y sus niños tendrían selectas amistades en caros clubes cercanos a su acomodada unifamiliar con jardín sin árboles.
Tendría muchos subordinados chupándole el trasero y pocos superiores a los que hacerles respetuosos y críticos besos negros.
Viajes por el mundo, comida sofisticada, tecnología, comodidad. Sería tan enormemente feliz que ni si quiera tendría razones para seguir escribiendo.
¿No es ese el sueño de todo hombre cuerdo?

5. Algo odioso de la Realidad es su carácter egoísta. En ocasiones la realidad irrumpe en el mundo de los Sueños y afortunado es el día en que sólo asesina a sangre fría a una centena de ellos. Es afortunado ese día porque en ocasiones la Realidad se las da de altruista y se dedica a capturar algunos de esos pobres Sueñecitos para llevarlos a su mundo y convertirlos en algo concreto, serio, austero y, en definitiva, Real.
El dueño del Sueño ahora convertido en algo simplemente Real se siente feliz, pero ignora que para trasladar esa fantasía al hecho ha habido que transformar muchos Sueños. Miles de ilusiones damnificadas es el precio a pagar por viajar a la Realidad. Miles de Sueños que jamás volverán a ser los mismos y que miran con extrañeza a sus propios soñadores, que los miran con ajenidad.
Es fácil distinguir a alguien que ha soñado de alguien que nunca lo ha hecho en el mundo de la tirana Realidad: con el paso de los años, los soñadores sonríen más con la boca que con los ojos y los que nunca han soñado nada sonríen menos que sus parejas. Es ley de vida.

miércoles, 1 de abril de 2009

El Diccionario del Poeta Daen00

Estaba dormida encima de la mesa. La luz del escritorio aún encendida y la televisión emitiendo la teletienda.

Hacía tiempo que la pasaba, casi medio año durmiéndose espontáneamente, pero por culpa del invierno parecía haberse recrudecido. Estaba siempre con fiebre y dolores de garganta y los medicamentos que el médico la recetaba, lo único que la provocaban era más sueño.

A pesar de pasar tanto tiempo durmiendo, jamás soñaba. Y eso era algo que la reconcomía por dentro. Deseaba poder soñar, o al menos recordar imagen de todo aquello. Le gustaba pensar en ello mientras "estudiaba", ya que la costaba concentrarse. Cuando abría los libros y sacaba sus apuntes empezaba a notar una presión el cabeza, y a cada frase que leía esa presión iba en aumento.

Pero aquel día fue distinto. A pesar del sueño y los dolores, no terminaba de dormirse en ningún momento, se despertaba a cada segundo, y recordaba fugaces imágenes: un relámpago, una ciudad en penumbra, una habitación vacía y demás cosas en apariencia "tristes". Cuando al fin despertó del todo, estaba asustada. Todas esas imágenes la recordaron a su infancia. Eran las mismas que entonces veía, estaba segura, a pesar de no poder recordarlas del todo ni explicarlas. Lo sabía.

Aquellas imágenes la marcaron, y fueron una parte importante de sus inexplicables caídas de sueño. Aparte de los relámpagos, ciudades, y demás, el sueño que no había olvidado, y que siempre veía nítidamente sin saber que era, era el de una playa, mojada por la lluvia. Y ella estaba allí, parada en la arena, empapada por el agua. Desde aquella primera noche que los soñó, y fueron muchas más, comenzó a odiar la lluvia.

Y aún lo hacía. Odiaba los días de tormenta. No es que tuviera miedo de los relámpagos, ni la molestaba acabar empapada, solo era el recuerdo de aquella noche lo que la dolía.

A pesar de ello hubo una época en la que la dio igual a pesar de las lluvias. Estaba en calma. Y se debía a él. Su droga, como la gustaba llamarle. Lo único que este hacía era estar con ella. Hablarla, distraerla. Unas veces se quedaban en silencio. Otras practicaban sexo. El único requisito era no salir de casa.

Pero todo eso se acabó hacía tiempo. Y lo peor fue que lo vió venir. Él la obligó a salir en un día de lluvia. Aún con miedo, fueron paseando bajo un enorme puente, viendo el agua que caía pero sin mojarse lo más mínimo. Estaba muy asustada, a pesar de sus abrazos. Pero se le veía nervioso. Al fin se pararon, fuera del puente, bajo un árbol de grandes ramas y salientes raíces.Fue allí donde la abandonó, mientras las gotas que se filtraban entre las hojas la mojaban la cara. Simplemente se fue, sin pronunciar ni palabra.

Y ahora estaba allí, dormida en su escritorio. Y aún recordaba aquella tarde en el árbol. Se quedó allí parada, inmóvil. Y hasta que no desapareció él de su vista, no quiso creer que la fuera a dejar allí. Pero así fue. Largas horas se pasó en aquel lugra, sentada, hasta que el tiempo escampó. Volvió corriendo, e incluso se cayó un par de veces por culpa del mojado pavimento. Pero daba igual, necesitaba llegar a casa. Necesitaba dormir.

sábado, 14 de marzo de 2009

Sueño (2)

Despierto en mitad de la noche. 3.07, según el reloj de la mesilla. Estoy sudando, a pesar de hacer bastante frío. Con bastante esfuerzo me levanto, y pisando el frío suelo, me acerco hasta la cocina. Bebo un poco de agua, pero decido llevarme la botella de vuelta a la cam, auqneu antes debo pasar por el baño. Los azulejos hacen que me hiele, y cuando por fin vuelvo a meterme en la cama, el calor vuelve.

Tras un rato dando vueltas, vuelvo a levantarme, esta vez para coger el portatil, ya que no consigo dormir, por lo menos me distraerá un rato. Nada más encenderse, lo primero que hago, instintivamente, es poner música. Vivo solo, por lo que no importa que la ponga a un volumen considerable, pero tampoco quiero molestar a los vecinos, por lo que me pongo los cascos. Suenan los White Stripes (Ball and Biscuits). Mientras recorro distintas tonterías de internet (y no, no miraba nada de porno), me prometo que no voy a buscar su foto. Eso sí, antes de decir esto, ya está abierta en el programa, y puesta a pantalla completa. Ojala fuera real, y no msolo un producto de mi imaginación, como sé que és.

Eso si, mi cabeza es una hija de puta. Se inventa a una chica de la que me enamora, y va y le inventa un novio, imbecil y vago. Joder, ¡para eso ya estoy yo!

Menuda mierda de sueños que tengo joder.

miércoles, 11 de marzo de 2009

Sueño

Y el sueño se bajo de mi coche
de mi carro tirado por caballos,
El sueño se desvaneció, el sueño me desperto
y el sueño ahora no me deja vivir.
El sueño que busco y no llega,
el que me mata cada noche en silencio
esperando una nueva entrega
con el silencio a gritos clavándose en mis timpanos
y llorando por volver a ver el cielo tumbado en la arena.

Se aleja mi sueño, en silencio mientras miro al cielo...

martes, 10 de marzo de 2009

Sueño

Juntos, de nuevo, nos sentamos al unísono en el banco más lejano del centro de la ciudad. Rodeados de árboles y de tranquilidad, confiamos en continuar solos en aquel lugar. Tras tímidas miradas de reojo, y tras un infinito silencio, nuestras miradas se juntan de nuevo, y no quieren separarse.

Sin dejar que digas nada, comienzo a dibujar una sonrisa en tu cara que al tiempo es correspondida. Una sonrisa bélica, angélica, evangélica. La sonrisa deseada. Una sonrisa de plata que modula tu risa de cristal. Y empiezo a soñar.
Nuestra mirada, cada vez más cercana, espera sin impaciencia acercarse y acercarse más, nuestros ojos se agrandan y se inundan de deseo, buscan perderse entre ellos, jugar, disfrutar. Y deseo soñar más.

Nuestras manos se confunden ahí abajo,y se unen, se separan, también juegan. Juegan con una sutileza abrumadora, y desean acariciar nuestras aterciopeladas manos. Necesito soñar más.

En un instante mis manos dejan de jugar con las tuyas, y buscan hundirse en la profundidad de tu pelo, acariciarlo, disfrutarlo,y mientras, nos besamos, y nuestras bocas se llenan de sueños fantásticos, anárquicos,esporádicos, de indescriptibles sensaciones, emociones, que hacen que no quiera dejar de soñar contigo ni un solo segundo, que hacen que no quiera separarme de ti ni un solo momento, que hacen de ti una parte de mi cuerpo, una parte de mi cuerpo sin la que yo no podría vivir, porque me haces sentir, porque me haces sonreir, porque yo te necesito.