sábado, 27 de febrero de 2010

Sexo

Atrapado en su mirada, preso ferviente del mas lascivo deseo, fulminante tacto divino con severa crueldad en sus manos, con enorme dulzura nuevamente en su tacto, de tersa piel clara, clavaba sus ojos en mi como dije, y mas aun no solo era preso de su mirada sino de todo su ser, pero no era su naturaleza el conformismo, y quería mas, y era entonces cuando la propia bendición de su presencia se convertía en la mas despiadada tortura propia de la mas agónica de las lentitudes... Pero, si el turno anterior había pertenecido a la ya desprendida piel de mi espalda, ahora no quedaría impune una tras otra las partes colindantes a las generalmente protagonistas de tales actos, y así iba sucumbiendo beso tras beso, caricia tras caricia, arañazo tras arañazo, mordisco tras mordisco... Y de pronto, una mirada no carente de picaresca y una sonrisa que hubiese embelesado al mas fiero guerrero indicó el final... Si bien en condiciones normales aquello hubiese sido una tortura china, en otros términos, "una putada", en extraordinarias condiciones, esto sería, en la presencia de una diosa moderna, solo podía pensar en cuanto tiempo transcurriría hasta que de nuevo, aquella diosa, aquel demonio con rostro angelical, piel divina y de diábolicas intenciones volviese a torturarme.

1 comentario:

  1. Muy bueno el texto. Entiendo que cuesta definir esta palabra de una manera que se sienta real y trasnmita lo deseado sin caer en lo típico al mismo tiempo. ¡Enhorabuena por conseguirlo de una manera tan fina!
    Respecto a la "putada" final... bueno... siempre habrá tiempo de resarcirse xD

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